Kylian Mbappé está acostumbrado a las cámaras y a la presión de los grandes estadios, pero incluso a él le cuesta asimilar lo que hace falta para ser el mejor nadador del planeta. En un encuentro reciente con Léon Marchand, el futbolista de Francia se quedó realmente sorprendido al descubrir que la rutina del nadador no se limita a un par de horas en la piscina.
Marchand le explicó que suele realizar cuatro sesiones de entrenamiento cada día, una cifra que dejó al delantero del Real Madrid prácticamente sin palabras.
“Es genial recibir a un campeón como él y compartir un momento tan especial”, explicó Mbappé en un vídeo difundido por la Federación Francesa de Fútbol, en la previa del amistoso frente a Brasil en Foxborough, Massachusetts, a 45 kilómetros de Boston.
La charla mostró una faceta muy humana de ambos deportistas. Mientras Mbappé bromeaba sobre lo agotador que suena ese ritmo y confesaba que él se retiraría mucho antes de completar la jornada, se percibía un respeto profundo por la disciplina que exige la natación de élite.
“Nosotros tenemos muchos partidos, y ellos tienen muchas menos competiciones. Creo que es mucho más difícil para ellos (los nadadores)”, consideró Mbappé: “Compartimos la misma mentalidad, que es hacer todo lo posible para ganar”. “¡Cuatro entrenamientos al día!”, completaba Didier Deschamps, el entrenador.
Para Marchand, ese volumen de trabajo es simplemente el precio necesario para mantener sus récords, repartiendo el tiempo entre el perfeccionamiento técnico en el agua, el trabajo de fuerza en el gimnasio y la recuperación. Es curioso ver cómo un atleta que vuela sobre el césped se siente tan impresionado ante el esfuerzo de alguien que domina el agua con esa intensidad casi robótica.
